{"id":10521,"date":"2026-08-31T12:23:30","date_gmt":"2026-08-31T15:23:30","guid":{"rendered":"https:\/\/diarioelfederaense.com.ar\/?p=10521"},"modified":"2026-08-31T12:23:31","modified_gmt":"2026-08-31T15:23:31","slug":"el-gran-temor-actual-descender-en-la-escala-social","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/diarioelfederaense.com.ar\/?p=10521","title":{"rendered":"EL GRAN TEMOR ACTUAL: DESCENDER EN LA ESCALA SOCIAL"},"content":{"rendered":"\n<p>La clase media se encuentra en un laberinto: se extiende el malestar porque siente que los resultados a\u00fan no le llegan, pero no quiere volver atr\u00e1s, no quiere sentir que se pierde el esfuerzo realizado<\/p>\n\n\n\n<p>Disminuyen la esperanza y la ilusi\u00f3n, crecen la preocupaci\u00f3n y la tensi\u00f3n. Este es el giro m\u00e1s relevante que se aprecia en el humor social. Dominan la incertidumbre y el temor. En algunos casos se llega a la angustia y hasta la decepci\u00f3n. En otros, todav\u00eda \u201cse quiere creer\u201d. La sociedad atraviesa el invierno de su estado de \u00e1nimo. Una acumulaci\u00f3n de malestares de baja intensidad. Este fr\u00edo emocional podr\u00eda ser un clima coyuntural, como sucede en la naturaleza. O no.<\/p>\n\n\n\n<p>Todos estos sentimientos se profundizan en el segmento m\u00e1s voluminoso de la clase media, que es la clase media baja. Estamos hablando del 26% de las familias del pa\u00eds, que representan unos 4 millones de hogares y cerca de 11,5 millones de habitantes. Si le sumamos a los habitantes de la clase baja no pobre, que tiene valores de clase media, pero ingresos de clase baja (30% de las familias), y donde la restricci\u00f3n se torna m\u00e1s aguda, el cuadro adquiere mayor complejidad. En los nubarrones de la emoci\u00f3n se aglutinan hoy m\u00e1s de 25 millones de personas.<\/p>\n\n\n\n<p>En la clase alta aflora un mayor registro de lo que sucede. La euforia es parte del pasado, la ecuanimidad gana densidad. Hay m\u00e1s dudas que antes. Se observa con atenci\u00f3n el curso de los acontecimientos.<\/p>\n\n\n\n<p>En la clase media alta, que tambi\u00e9n es parte de la clase media, pero forja sus h\u00e1bitos emulando a la clase alta, se est\u00e1 haciendo un esfuerzo extraordinario por sostener la calidad de vida. No sobra nada. Crece la desconfianza. Se concentran en hacer lo suyo. Est\u00e1n a la defensiva. Saben que los dem\u00e1s est\u00e1n peor.<\/p>\n\n\n\n<p>El orden macroecon\u00f3mico alcanzado hasta aqu\u00ed se valora. Es algo que \u201cse puede tocar\u201d en la inflaci\u00f3n que, si bien no dej\u00f3 de existir, es mucho menos apremiante. Los argentinos se han acostumbrado desde hace a\u00f1os a lidiar con valores que rondan el 2% mensual. La estabilidad del tipo de cambio es otro \u201cactivo\u201d del modelo.<\/p>\n\n\n\n<p>No se dice demasiado. Sin embargo, los n\u00fameros demuestran que un \u201cd\u00f3lar accesible\u201d, tanto por precio como por la posibilidad de comprarlo de un modo simple es un elemento ponderado en la ecuaci\u00f3n. En julio, 1,7 millones de personas adquirieron casi 3000 millones de d\u00f3lares netos, acorde a los datos publicados por el BCRA.<\/p>\n\n\n\n<p>El problema es que en la percepci\u00f3n de un n\u00famero creciente de ciudadanos no escasean los motivos para las muecas de disgusto. Las \u201cnubes de la micro\u201d est\u00e1n tapando \u201cel sol de la macro\u201d. Es un triunfo cultural que los argentinos hayan comprendido mayoritariamente algo esencial: no se puede gastar m\u00e1s de lo que ingresa. Es peligroso que, aun siendo conscientes de ello, se\u00f1alen que la eficiencia administrativa no les ha cambiado la vida para bien. Sab\u00edan que hab\u00eda que atravesar un tr\u00e1nsito arduo. Y lo aceptaron en el pacto inicial. Gran novedad epocal. El tema es que, para muchos, se est\u00e1 haciendo m\u00e1s largo de lo que esperaban.<\/p>\n\n\n\n<p>Si hubiera que elegir un indicador s\u00edntesis que ayudara a explicar la actual mutaci\u00f3n emocional vale la pena revisar lo que muestra el ingreso disponible de las familias. Es decir, el dinero que queda para gastar en consumos discrecionales luego de pagar todos los gastos fijos. Ecolatina calcula que cay\u00f3 un 15% promedio entre 2023 y 2025. Prev\u00e9 que este a\u00f1o vuelva a caer cerca del 1%. Si la comparaci\u00f3n se hace con el a\u00f1o 2017, las posibilidades de compra de los hogares se habr\u00edan contra\u00eddo un 37,5% al concluir 2026. Resulta l\u00f3gico que \u201cel cruce del desierto\u201d, aceptado en su momento por la mayor\u00eda de la sociedad, comience a pesar. Las fuerzas ya no son las mismas. El dinero, tampoco.<\/p>\n\n\n\n<p>Todo proceso de transformaci\u00f3n, por definici\u00f3n, comprende cambios en m\u00faltiples formas. Incluye una transici\u00f3n entre lo anterior, que todav\u00eda existe, y lo nuevo, que no termina de llegar. Por ende, las tensiones son esperables. Y los arbitrios del tiempo, una condici\u00f3n inevitable. Una cosa es prever, otra muy diferente, sentir.<\/p>\n\n\n\n<p>Contra todo lo que podr\u00eda suponerse, el elemento m\u00e1s ominoso de la cotidianeidad actual no es la imposibilidad de adquirir los productos, marcas y servicios acostumbrados. Tampoco las deudas que no se pueden pagar. A pesar de la presencia masiva de ambos t\u00f3picos en el discurso social, hay \u201cotro tema\u201d. Es algo m\u00e1s profundo a\u00fan: el temor. \u00bfA qu\u00e9? Al descenso en la escala social. Nunca hay que olvidar que, por su origen, las clases medias sue\u00f1an hacia arriba y temen hacia abajo.<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cEl tema\u201d del momento<\/p>\n\n\n\n<p>Las encuestas de opini\u00f3n p\u00fablica m\u00e1s recientes muestran que la principal preocupaci\u00f3n de la poblaci\u00f3n ya no es la inflaci\u00f3n (en camino de soluci\u00f3n) sino el empleo. Aresco se\u00f1ala que este es \u201cel tema\u201d para el 41% de los ciudadanos; Synopsis, para el 36%.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo que no significa necesaria ni \u00fanicamente \u201ctemor al desempleo\u201d, sino una conjunci\u00f3n de variables que construyen sentido alrededor del significante \u201cempleo\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>All\u00ed se aglutinan tanto el miedo a quedarse sin trabajo como el hecho de tener uno de baja calidad que, por sus bajos salarios, \u201cno rinde\u201d; la escasez de una buena oferta laboral, la necesidad de trabajar m\u00e1s horas para conseguir menos de lo mismo, el fen\u00f3meno del pluriempleo, la p\u00e9rdida de la seguridad y la previsibilidad que brinda un puesto en blanco, y el apremio para que todos los adultos de la familia consigan alg\u00fan trabajo.<\/p>\n\n\n\n<p>De hecho, el \u00edndice de desempleo publicado por el Indec para el primer trimestre de este a\u00f1o no muestra una situaci\u00f3n \u201cgrave\u201d, aunque tampoco \u201clight\u201d: 7,8% de la poblaci\u00f3n econ\u00f3micamente activa busca trabajo y no lo consigue, lo que equivale a 1,8 millones de personas en todo el pa\u00eds. En el Gran Buenos Aires, el registro s\u00ed es m\u00e1s preocupante: 9,7%.<\/p>\n\n\n\n<p>Puestos de trabajo se crean, de eso no hay dudas. El punto es que la gran mayor\u00eda son informales o ingresan al r\u00e9gimen del monotributo. Puede presumirse que, en algunos casos, se trata de una elecci\u00f3n voluntaria y conveniente, pero del mismo modo que, en gran medida, para un gran n\u00famero de otros se trata de la \u00fanica opci\u00f3n posible.<\/p>\n\n\n\n<p>Los datos oficiales del informe SIPA que genera mensualmente la Anses indican que entre noviembre de 2023 y mayo de 2026 (\u00faltimo relevamiento publicado), se perdieron 241.000 puestos de trabajo formales en el sector privado (85.000 en la industria, 63.000 en la construcci\u00f3n). Adem\u00e1s, 80.000 en el sector p\u00fablico y 16.000 en casas de familia. Un total de 337.000 empleos asalariados registrados. Se crearon, por su parte, 161.001 empleos que ingresaron bajo la categor\u00eda de no asalariados monotributo. Los no asalariados aut\u00f3nomos se mantuvieron estables. Por su parte el informe de Cuentas Nacionales del Indec indica que, a pesar de estos indicadores, hay 509.000 puestos de trabajo m\u00e1s que en 2023. En consecuencia, se desprende que la mayor parte de esos nuevos trabajos son informales. El mismo Indec, en un nuevo informe de situaci\u00f3n laboral, refleja que, al cierre de 2025, el 43% de los empleos era informal.<\/p>\n\n\n\n<p>En s\u00edntesis: los datos oficiales demuestran que, m\u00e1s que un problema con \u201cel empleo\u201d a secas, lo que existe es una inquietante p\u00e9rdida en la calidad del empleo.<\/p>\n\n\n\n<p>En el actual proceso de transformaci\u00f3n, mientras transcurre la transici\u00f3n y apremia el tiempo, las caracter\u00edsticas del empleo est\u00e1n provocando una tensi\u00f3n que crece y adquiere centralidad en la agenda. Especialmente en las clases medias y en aquellos habitantes de la clase baja que, por historia y proximidad, comparten sus creencias y aspiran a integrarla.<\/p>\n\n\n\n<p>Todos los empleos legales son igualmente dignos. Uno de los padres de la sociolog\u00eda, Max Weber, se encarg\u00f3 de explicarlo hace m\u00e1s de 100 a\u00f1os en su famosa obra La \u00e9tica protestante y el esp\u00edritu del capitalismo. Bajo la concepci\u00f3n moderna, el trabajo dejaba de ser un castigo o un mero medio de supervivencia para transformarse en el gran ordenador moral de Occidente. Trabajar con esfuerzo, dedicaci\u00f3n y ah\u00ednco no era una condena sino una virtud, el modo de honrar a Dios y darle sentido a la vida terrenal.<\/p>\n\n\n\n<p>Dicho mandato arraigado en la cultura no implica que todas las prestaciones laborales sean equivalentes. Ni a nivel econ\u00f3mico ni, mucho menos, a nivel simb\u00f3lico. No es lo mismo trabajar en una empresa en blanco que hacer changas.<\/p>\n\n\n\n<p>En uno de sus textos m\u00e1s eximios, La corrosi\u00f3n del car\u00e1cter, publicado en 1998, el soci\u00f3logo norteamericano Richard Sennet ya se\u00f1alaba hace casi tres d\u00e9cadas que \u201cponer el acento en la flexibilidad cambia el significado mismo del trabajo\u201d. Argumentaba que la nueva morfolog\u00eda laboral de la era contempor\u00e1nea, a la que llam\u00f3 el \u201ccapitalismo flexible\u201d, alteraba el sentido hist\u00f3rico del t\u00e9rmino: \u201cEn el ingl\u00e9s del siglo XIV, la palabra job (trabajo, empleo) designaba un pedazo o fragmento de algo que pod\u00eda acarrearse. Hoy, la flexibilidad le devuelve un sentido desconocido, pues a lo largo de su vida la gente hace fragmentos de trabajo. Es totalmente natural que la flexibilidad cree ansiedad. La gente no sabe qu\u00e9 le reportar\u00e1n los riesgos asumidos ni qu\u00e9 caminos seguir\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>El tema de la calidad del empleo en la Argentina no es nuevo. De ning\u00fan modo. S\u00ed, m\u00e1s acuciante que en el pasado. La vibraci\u00f3n de la calle, que logran captar los instrumentos de medici\u00f3n social, indica que, ya sea por experiencia propia o por lo que ven en el entorno, los argentinos han ubicado este tema entre las cosas que \u201cles quita el sue\u00f1o\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>El cuadro de situaci\u00f3n que relatan las personas en nuestra m\u00e1s reciente investigaci\u00f3n cualitativa, que todav\u00eda estamos procesando, independientemente de su clase social, edad, g\u00e9nero, ideolog\u00eda o apoyo pol\u00edtico, indica que la problem\u00e1tica es transversal y creciente.<\/p>\n\n\n\n<p>Se trabaja m\u00e1s, no se gana \u201cbien\u201d, alcanza \u201cmenos\u201d. Se teme perder lo \u201cmucho o poco\u201d que se tiene, no se sabe c\u00f3mo seguir\u00e1n las cosas. Como se\u00f1alaba Sennet, es l\u00f3gico que, en esa volatilidad, haya ansiedad.<\/p>\n\n\n\n<p>El laberinto<\/p>\n\n\n\n<p>Ante lo expuesto, las conclusiones lineales y apresuradas podr\u00edan llevar a pensar que, as\u00ed como la sociedad decidi\u00f3 embarcarse por sus propios medios en esta ardua traves\u00eda, hoy pretenden darle un giro de 180 grados al tim\u00f3n y regresar al puerto de partida, abortando la misi\u00f3n. Aunque suene contraf\u00e1ctico, al menos hasta ahora no es as\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p>Aquellos que decidieron apostar por el cambio de modelo econ\u00f3mico dando \u201cun salto al vac\u00edo\u201d hoy se suman a algunos m\u00e1s para constituir un grupo cercano al 70% de la poblaci\u00f3n que \u201cno quiere volver atr\u00e1s\u201d. Encontramos este hallazgo en nuestras indagaciones cualitativas, as\u00ed como en varias encuestas de opini\u00f3n p\u00fablica que lo han medido en los \u00faltimos meses.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfSignifica que todos quieren que todo siga igual? No. Son muchos, y cada vez m\u00e1s, los que piden mantener la direcci\u00f3n, pero ajustar en algunos grados el rumbo. Cu\u00e1ntos grados y hacia d\u00f3nde todav\u00eda es un tema confuso, difuso, plagado de contradicciones.<\/p>\n\n\n\n<p>Un pasado que no atrae, un presente que no es el que esperaban y un futuro que todav\u00eda no logran visualizar con precisi\u00f3n. Este es el laberinto en el que se encuentra hoy buena parte de la clase media y los que anhelan pertenecer a ella. Por eso la preocupaci\u00f3n y la tensi\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Borges, que era un fan\u00e1tico de los laberintos y los hizo un tema central de su pensamiento y su obra literaria, sab\u00eda que en los laberintos hay misterio, trampas, se\u00f1uelos, confusiones, alternativas, decisiones, inteligencia, sagacidad, instinto, sensaci\u00f3n en encierro y ansias de liberaci\u00f3n. En el antiguo mito griego de \u00cdcaro qued\u00f3 narrada la ense\u00f1anza eterna. Ser\u00eda el escritor argentino Leopoldo Marechal quien, en 1948, la pondr\u00eda en palabras: \u201cDe todo laberinto se sale por arriba\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Por Guillermo Oliveto<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La clase media se encuentra en un laberinto: se extiende el malestar porque siente que los resultados a\u00fan no le llegan, pero no quiere volver atr\u00e1s, no quiere sentir que se pierde el esfuerzo realizado Disminuyen la esperanza y la ilusi\u00f3n, crecen la preocupaci\u00f3n y la tensi\u00f3n. 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