Son más de 50 escuelas las que lograron estar conectadas gracias a Puebleando, una loable iniciativa que impulsan César Engelmann y Bruno Stoa.
Hay lugares donde el silencio apenas se interrumpe cuando pasa una camioneta por un camino de tierra. Así es la Escuela Nº 46 Artigas, ubicada en Paraje Tunas, en el límite entre Corrientes y Entre Ríos. Allí, entre caminos rurales que muchas veces quedan intransitables por la lluvia, dictan las clases para apenas dos alumnos. Allí la señal del teléfono desaparece varios kilómetros antes de llegar, y hasta hace muy poco no había internet. Pero esto comenzó a cambiar el día en que dos amigos llegaron con una antena satelital en la caja de una camioneta. Se trata de César Engelmann, propietario de un reconocido emprendimiento de productos regionales del norte entrerriano; y Bruno Stoa, el influencer entrerriano que recorre diferentes puntos de la provincia para mostrar las particularidades de cada localidad que visita. Ellos son los impulsores de Puebleando, una iniciativa solidaria que ya conectó más de 50 escuelas rurales entrerrianas.
A pesar de este avance, aún existen numerosas escuelas rurales en la provincia que no tienen conexión, y ellos proponen cambiar esta realidad para que los chicos que van a clases en el campo no queden excluidos de los avances tecnológicos. Alguna vez César publicó un video en sus redes sociales que resume el espíritu de este noble proyecto, en el que comienza preguntándose: “¿Cómo se estudia hoy si no hay conexión? ¿Cómo se sueña si no hay señal?”. Y explica: “En el medio del campo, donde a veces el silencio es más fuerte que el Wi-Fi, hay escuelas que luchan todos los días contra el olvido. Gurises que quieren aprender, pero no tienen cómo”.
“¿Qué podemos hacer nosotros para ayudar” fue lo que se preguntaron César y Bruno antes de arrancar con Puebleando. La respuesta empezó a tomar forma durante los viajes que compartían por distintos pueblos de la provincia. “Bruno llevaba años recorriendo Entre Ríos registrando historias y paisajes; y yo, criado en el campo y perteneciente a la quinta generación de una familia ligada a las escuelas rurales, conocía de cerca esa realidad. Viajando juntos empezamos a pensar cómo podíamos ayudar desde nuestro lugar, ya que siempre encontrábamos la misma problemática: las zonas rurales se iban despoblando”, contó a UNO César.
Lo que observaban no era una percepción aislada. En las últimas décadas miles de escuelas rurales cerraron en Argentina y, detrás de cada una, también desaparecieron parajes y pequeñas comunidades. “Si una familia no tiene dónde mandar a sus hijos a la escuela, es imposible que se quede a vivir ahí”, reflexionó.
Pero había otro problema que se repetía en casi todas las escuelas que seguían abiertas: la falta de conectividad. En este contexto, los docentes debían cumplir tareas administrativas digitales sin internet, los alumnos estudiaban sin tener acceso a información actualizada y, en muchos casos, ni siquiera existía señal de telefonía celular.
Así fue que César y Bruno decidieron empezar por algo concreto: compraron una antena satelital con dinero de sus propios bolsillos y la instalaron en una escuela rural. Después vino otra. Y otra más.
Sin buscarlo, comenzaron a compartir esos recorridos en las redes sociales y la respuesta fue inmediata. “Mucha gente se sintió identificada y empezó a dar una mano. Hoy ya conectamos más de 50 escuelas rurales gracias a personas que compraron una antena Starlink o hicieron posible una instalación. Siempre decimos que vale alrededor de 200 dólares. No es barata, pero para una escuela rural significa muchísimo”, precisó César.
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