Un día como el de hoy, 6 de julio de 1767, dando cumplimiento a la “Real Pragmática” de S.M. el rey Carlos III, el gobernador de Montevideo, don Agustín de la Rosa, acompañado de numeroso séquito y tropas, hace conocer al Superior de los Jesuitas establecidos en la “Residencia de los Padres de la Compañía de Jesús”, que ocupaba la manzana de enfrente a la plaza, delimitada por las actuales calles Rincón, Juan Carlos Gómez, 25 de Mayo e Ituzaingó, en esta ciudad, de la resolución del monarca que conminaba la expulsión de la Comunidad y se extrañase a todos cuantos se hallaren en sus dominios.
Los jesuitas habían pedido permiso durante años para establecerse en Montevideo, pero se lo negaba el Cabildo, «por el grave perjuicio que por los indios tapes que trujeren (sic) se puede seguir».
Finalmente, en el año 1746 se lo dieron, pesando en la resolución el reclamo de los vecinos, que querían un buen colegio para sus hijos.
Los jesuitas fueron los primeros educadores de la ciudad. Además de la práctica de la doctrina cristiana y el culto al Sagrado Corazón de Jesús (una tradición medieval que fue introducida por ellos en España y en América), enseñaban lectura, escritura y aritmética. También daban sermones, dirigían novenas, oraciones fúnebres y ceremonias de honras reales; confesaban a los presidiarios de la Ciudadela, a los soldados y a las poblaciones dispersas del campo.
Pero su obra en Montevideo no se detuvo solo en eso, además aplicaron la experiencia artesana y manual que habían hecho en las Misiones y levantaron capilla, herrería y huerta.
También instalaron el primer molino harinero, enseñaron a preparar cal, ladrillos, molinos, arados de madera de monte e incluso a encender un faro de luz en el Cerro para prevenir los naufragios entre muchas otras obras.
Habilidades todas muy necesarias en una Montevideo que tenía entonces apenas unos 1.500 habitantes y algo más de 150 casas de barro y paja, junto a algunas, muy pocas, de piedra y teja.
Pero llegó el fatídico año de 1767 cuando el rey Carlos III ordenó su expulsión: «que se extrañen de todos mis dominios de España e Indias, Islas Filipinas y demás adyacentes a los Religiosos de la Compañía», lo cual complementó con un bando de pena de muerte en caso de resistencia.
En cumplimiento de ello es que el gobernador De la Rosa procedió con sigilo a rodear la residencia con tropas del Regimiento Mallorca (El Invencible) No. 13 y procedió a la detención del Superior de la Orden, el padre Nicolás Plantich y los dos únicos jesuitas que se encontraban en el lugar, quedando todos detenidos en la misma.
Seis días más tarde los trasladaron a los muelles y los embarcaron mientras muchos vecinos los observaban llorando y sin decir palabra.
Los bienes de la orden en Montevideo pasaron a manos de particulares a “precio vil” y los almacenes reales pasaron a ocupar gran parte de las instalaciones de la Residencia. La manzana finalmente se remató en 1809, en presencia del gobernador Elío.
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La imagen que acompaña a esta nota es una recreación digital generada con IA de google para acompañar el relato de forma estética, no pretende ser un documento histórico.




