El hallazgo del cuerpo de Luana, una menor de 15 años en Federación, no solo conmocionó a toda una comunidad. También dejó al descubierto una realidad que pocas veces se visibiliza: la de quienes deben enfrentarse cara a cara con el horror.

Mientras la sociedad debate, opina y busca respuestas, hay un aspecto que muchas veces queda en silencio. ¿Qué sienten los efectivos policiales que llegan primero? ¿Qué pasa con quienes deben trabajar en la escena, realizar peritajes y sostener la entereza en situaciones extremas?

Detrás de cada procedimiento hay personas. Hombres y mujeres que no solo cumplen una función, sino que también cargan con lo que ven.

En ese contexto, el testimonio de Sofía Engelman cobra una dimensión especial, porque pone en palabras aquello que muchas veces no se dice.

🖤 TESTIMONIO ORIGINAL

“Después de 20 años de carrera como policía y Lic. en Criminalística, me tocó atravesar uno de esos hechos que dejan una huella difícil de explicar.

Estoy acostumbrada a ver, analizar y reconstruir escenas, pero hay situaciones que traspasan cualquier preparación profesional.

Hay hechos que rompen cualquier estructura, que atraviesan el uniforme y llegan directo al alma, dejando una tristeza profunda, de esas que no se apagan cuando termina la jornada.

Esta vez no es solo trabajo. Es algo que me atravesó de una manera distinta, que me acompaña incluso cuando intento seguir con lo cotidiano. Desde el momento en que vi a Luana, algo en mí cambió. No puedo dejar de pensar en ella, en lo que pudo haber sido, en lo que quizás vivió, en todo lo que le fue arrebatado.

Muchas veces se cree que quienes trabajamos en esto nos volvemos duros o indiferentes. No es así.

Sentir duele, pero también es lo que nos mantiene humanos. Es lo que nos recuerda por qué hacemos lo que hacemos, incluso en los momentos más difíciles.

Me permito reconocer esta tristeza, angustia, ponerle palabras y no cargarla en silencio. Porque detrás del uniforme y del rol profesional, también hay una persona que siente, que piensa y que necesita procesar lo que ve.

Abrazo a quienes, desde distintos lugares, también enfrentan realidades duras y siguen adelante sin perder la sensibilidad.”

Las palabras reflejan una verdad profunda el uniforme no es una coraza. No inmuniza frente al dolor. No evita que ciertas escenas queden grabadas.

En medio de un caso que sigue generando conmoción, este testimonio abre una mirada distinta. Una que no apunta solo a lo ocurrido, sino también a quienes, desde el deber, enfrentan lo más difícil y deben seguir adelante.

Porque en cada intervención, además de una investigación, hay una carga emocional que no siempre se ve… pero que siempre está.

laultimacampana

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