– Publicación de la revista caras y caretas en el año 1913

En el sitio donde no hay, en la actualidad (1913) mas que las pocas y modestas casas correspondientes a tres o cuatro estancias en que el terreno esta dividido, floreció otrora un pueblo que tuvo sus días de esplendor y conoció épocas de vida activa y progresista.

Como a tres leguas del Rio Uruguay y a dos millas del arroyo Mandisovï Grande estuvo el pueblo desaparecido hoy y que se llamo desde su fundación por los padres jesuitas a comienzos del siglo XVIII: Mandisoví. Nombre tomado del que los indígenas daban al cercano arroyo. Cuando las poblaciones jesuitas del Alto Uruguay, perseguidas por los portugueses, abandonaron sus lares encaminados rio abajo, hicieron alto en el paraje mencionado y como no llegaron hasta allí sus perseguidores, tal vez satisfechos ya del resultado obtenido por sus rapiñas, se instalaron definitivamente y dieron vida al pueblo Mandisoví, el cual, por muchas circunstancias favorables que le rodearon, creció rápidamente y no tardo en tener gran importancia y numerosa población. Allí nacieron en distintas epocas, valientes que fueron alma de las campañas de Artigas, Ramirez, Echague, de las fuerzas que lucharon contra Rivera en India Muerta, Pago Largo, Vences, Arroyo Grande, Caseros, etc Nacieron alli o se formaron allí caudillos celebres como los Guarumba, los Ifran, los Abraham y otros. De Mandisovi salio la división del General La Cruz, compuesta de novecientos esforzados lanceros.

Donde estuvo Mandisovï, hay en la actualidad varias estancias, hallándose el terreno dividido entre los señores Rohrer, Páez, Aguerriberry y otros, pero de los viejo, de los de antes, nada queda.

Lo ultimo en desaparecer fue la iglesia de Mandisovi. Estaba, consagrada a la Purísima Concepción cuya imagen fue conducida desde Yapeyü por la primera tribu con la veneración y respeto que acostumbrabase a tributar a las imágenes en aquellos tiempos de costumbres puras.

Dicha iglesia, que Ayaroide clasifica en su memoria geográfica de 1788 como la mejor de todas las reducciones que había visitado, fue construida sobre cimientos de piedra de las barrancas del arroyo Mandisovï chico, cuyas piedras transportadas hoy a otros lugares con el propósito de darles una aplicación menos piadosa, ruedan al acaso diseminadas por las tierras adyacentes.

Hasta hace pocos años indicaba el paraje donde había existido la iglesia una solitaria palmera, impasible testigo de la prosperidad y decadencia de Mandisovi.

Esa palma que el vendaval y el rayo respetaron, era indispensable para la buena orientación del paraje en medio de aquellos sembrados. Distaba solamente quince pasos de la puerta de la iglesia que miraba al Oriente. Hoy ha desaparecido.

Hubo un cementerio donde descansaban las cenizas de los padres de la generación presente y las de aquellos ínclitos guerreros que dieron tanto lustre a nuestra historia.

Después, el cementerio y el edificio de la iglesia han sido destruidos; los restos han sido removidos de sus sepulcros, y allí donde estaba colocado el altar crecen las plantas sembradas por manos del hombre para recoger el fruto que proporciona el bienestar material.

La Primera Federacion Entre Rios

Cuando en los tiempos futuros algún descendiente de aquellos valerosos guaranies, queriendo evocar el recuerdo de sus antepasados, vague por aquellas soledades solo encontrara los huesos de sus abuelos, blanqueando entre el verdor de las plantas y vera el fin de su esforzada raza fecundando la tierra que antes regara con su sangre generosa.

Dice la tradición que en el basamento de uno de los edificios que componía el pueblo de Mandisovï existen tesoros incalculables, que hasta hoy no se han podido hallar.

Cuentase también que en las lóbregas y borrascosas noches algo como «luces malas» recorren los campos donde estuvo Mandisovï, como protestando del abandono en que lo tienen relegado los hombres y dicen los antiguos que los animales salvajes lanzan aullidos y quejidos lastimeros que el eco lúgubre repite de cerro en cerro y de valle en valle hasta perderse en las aguas del caudaloso Uruguay.

Tropilla de Guarumba

Solo esos recuerdos vagos, solo ese lamento del desierto, son los últimos destellos de aquel pueblo que se llamo Mandisovï, que paso a la categoría de los desaparecidos por una aberración tan incomprensible como inexplicable.

Mañana, cuando el tallo imparcial de la historia se pronuncie sobre las causas que originaron la eliminación de Mandisovï, resultara palmariamente la injusticia cometida y el hombre del pueblo legendario será como una epopeya cuya grandeza se admirara siempre.

La Biblioteca Sarmiento de Mandisoví

Miguel Rohrer de Mandisoví

Articulo de la Revista Caras y Caretas N° 753 – 08/03/1913

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