Rodeada del cariño de su familia y disfrutando de sus momentos de tranquilidad, Elvira celebró sus 104 años con la misma dulzura con la que abrazaba a sus alumnos en el aula. Su historia es un homenaje a la vocación, al amor por enseñar y a una vida sembrada de afecto.
Elvira Rosa «Chacha» Colombani celebró sus 104 años rodeada del afecto de su familia y con la serenidad de quien ha sembrado amor durante más de un siglo. Fue maestra de la Escuela 25 de Mayo de Paraná y, al repasar su historia, aseguró que enseñar fue la mayor felicidad de su vida.
Sentada en su casa, con una sonrisa luminosa y la voz suave pero firme, Elvira habla de sus alumnos como si todavía los tuviera frente a ella. Durante años dio clases en tercer grado, a niños de ocho años, en la escuela ubicada sobre calle Monte Caseros. Allí construyó un vínculo que trascendía lo pedagógico.
El aula como hogar
En sus palabras se dibuja una escena de guardapolvos blancos, escaleras largas y manos pequeñas entrelazadas. “Ellos me abrazaban y yo los abrazaba. Subíamos las escaleras juntos, de a dos o de a tres, agarrados de las manos, porque el aula estaba en el piso alto”, evocó.
Habla de sus compañeras docentes como “las mejores”, y de la escuela como un lugar lleno de recuerdos hermosos. “Convencía a los chicos siempre por las buenas. Eran todos eran muy buenos”, afirmó, con una convicción que aún emociona.
Para Elvira, la docencia fue una forma de vivir. “Enseñar me hizo lo más feliz de la vida”, resumió, dejando en claro que cada jornada en aquella aula fue una fiesta silenciosa de aprendizaje y cariño.
La receta de la vitalidad
A los 104 años, Elvira conserva una lucidez envidiable y una energía que sorprende. Cuando le preguntan cuál es el secreto para llegar a esta edad, no duda. “Hay que tratar de vivir lo más tranquila posible y compartir con todos los que se pueda. Yo me siento feliz con todos. No tengo enemigos. Me gusta compartir”, expresó.
El cumpleaños la encontró rodeada de su familia. “Hoy me acompañan mi sobrino, amigas y familiares. Me gusta estar tranquila”, dijo con sencillez, como quien entiende que la verdadera riqueza está en esos abrazos cotidianos.
En el patio de su casa la espera otro de sus amores: un pequeño jardín lleno de macetas. “Es chiquitito, pero tiene muchas plantas. Todas en macetas, porque no tengo tierra”, contó
Trabajar con las plantas es parte de su rutina. “Me encanta. Hago hijitos de otras plantas. Cortamos el gajito y lo plantamos. Me ayudan también”, relató, mostrando que la vida, como sus flores, siempre encuentra la manera de multiplicarse.
Elvira Rosa Colombani celebró sus 104 años- Elonce
Elvira Rosa Colombani celebró sus 104 años- Elonce
Palabras que no se olvidan
Elvira también conserva intacta su memoria poética. Con emoción recitó un texto que escribió su padre, dedicado a Hipólito Yrigoyen, y lo hizo sin titubeos, como si el tiempo no hubiera pasado.
“Me acuerdo de todo”, aseguró después, entre risas, cuando le mencionaron su edad. “No sé si tengo un año más o un par más que Mirta Legrand”, bromeó, restándole importancia al número que para otros sería inalcanzable.
Cocina, organiza, prepara todo para quienes la ayudan en su casa. “Yo les dejo todo listo y ellas vienen y cocinan”, explicó, demostrando que la autonomía y la gratitud pueden convivir en armonía.
En cada palabra hay una enseñanza silenciosa. La de quien dedicó su vida a educar y hoy sigue dando lecciones sin proponérselo: sobre la bondad, la calma y el valor de abrazar.
Elvira Rosa Colombani cumplió 104 años, pero su historia no se mide en cifras. Se mide en generaciones de alumnos que la recuerdan, en plantas que florecen en macetas apretadas y en esa frase que resume un siglo de vocación: enseñar fue, y sigue siendo, su mayor felicidad.


