*Carlos Detona para DetonaDos.

En el marco de la XV Feria del Libro, Lidia Grigolato en diálogo con DetonaDos relata una investigación que reconstruye la historia de la antigua capilla, el nacimiento del Museo de los Asentamientos y el valor del patrimonio histórico como parte de la identidad de la comunidad federaense.

– ¿Cómo nació la idea de escribir “Una Capilla con Historia” y qué te motivó a investigar y recuperar esta historia?

La idea surgió a partir de mi vínculo laboral y personal con el turismo y el patrimonio histórico de Federación. Me desempeñé siempre como empleada municipal en el área de Turismo y, durante la última década, trabajé directamente en el Museo de los Asentamientos.

Fue precisamente desde mi experiencia cotidiana en el museo que advertí una necesidad: la historia del edificio estaba presente en distintos documentos, recuerdos y testimonios, pero no había sido reunida ni organizada en un único trabajo documental. Muchas veces, especialmente los guías, necesitaban consultar información sobre la historia del propio edificio y lo que se transmitía eran relatos orales sin una revisión documental de las fuentes.

Esto me llevó a pensar en la importancia de recopilar esa información y profundizar la investigación para construir una memoria histórica del edificio.

Pero hay algo más: el Museo de los Asentamientos no es solamente un edificio histórico. Está atravesado por toda la historia de Federación. De alguna manera, allí se encuentra el corazón de nuestra ciudad, porque en sus espacios, objetos y relatos están reflejadas muchas de las vivencias, emociones y experiencias que conforman nuestra identidad federaense.

Recuperar la historia del museo también era una manera de recuperar y preservar una parte de la memoria colectiva de nuestra comunidad.

– ¿Qué representa esta capilla en la historia de Federación y qué vínculo tiene con los antiguos asentamientos y la identidad de nuestra comunidad?

La capilla que dio origen al actual Museo de los Asentamientos fue construida alrededor de 1850, en la Vieja Federación, luego del traslado de Mandisoví.

A principios del siglo XX, debido al crecimiento de la feligresía, el edificio quedó pequeño y se construyó una nueva iglesia. A partir de entonces, la antigua capilla tuvo distintos usos: allí se realizaron obras de teatro, proyecciones de cine, celebraciones para los niños que tomaban la Primera Comunión e incluso llegó a funcionar como garaje del párroco.

Sin embargo, el momento que marcaría un antes y un después en su historia fue el plebiscito de 1974. A partir de ese acontecimiento, los federaenses comenzaron a tomar verdadera dimensión de que el traslado de la ciudad era una realidad.

Frente a esa situación, un grupo de vecinos se movilizó para rescatar objetos y elementos que consideraban valiosos y que formaban parte de la historia de la comunidad. Organizaron una muestra y solicitaron al sacerdote que les facilitara las instalaciones de la antigua capilla para poder exhibirlos.

Esa iniciativa fue mucho más allá de una exposición. El grupo impulsó también la participación de la Municipalidad y de las distintas instituciones y fuerzas vivas de la ciudad, con el propósito de crear un museo regional que permitiera resguardar ese patrimonio. Previamente se sancionó una ordenanza que regulaba su creación y, finalmente, en 1975 quedó inaugurado el Museo Regional Federación.

Por eso considero que esta capilla tiene un significado muy especial para nuestra comunidad. No solamente es un edificio histórico que sobrevivió al traslado de la ciudad, sino que fue el lugar elegido por los propios federaenses para comenzar a preservar su memoria.

– ¿Cómo fue el proceso de investigación? ¿Qué documentos, fotografías, testimonios y protagonistas permitieron reconstruir esta historia?

La investigación se basó fundamentalmente en la búsqueda, recopilación y organización de distintas fuentes documentales. Trabajé con cartas y notas enviadas y recibidas que se encontraban en el museo, documentación de la Comisión Técnica Mixta de Salto Grande (CTM), especialmente la relacionada con el traslado del edificio, ordenanzas municipales, diarios y revistas.

Entre los materiales que más me ayudaron estuvo una línea de tiempo con datos cronológicos organizada por Agustín Gibert, quien había estado a cargo del museo. También fue fundamental el testimonio de Dina Burna, una protagonista muy importante de la historia del museo, a quien consulté en distintas oportunidades. Ella me transmitió recuerdos y acontecimientos que luego pude corroborar y complementar con la documentación que iba encontrando. Otro aporte importante fue el de Carlos Berestain, quien me facilitó el acceso a ordenanzas históricas del Honorable Concejo Deliberante. También trabajé con el archivo de Eduardo Martínez, quien había desarrollado tareas en el museo y conservaba notas periodísticas y otros materiales que me sirvieron como fuentes para reconstruir los acontecimientos. A todo ésto se suma mi propia experiencia y vinculación con el museo durante los últimos 25 años.

Creo que esa combinación entre documentos, testimonios y experiencia personal permitió reconstruir esta historia con mayor profundidad, procurando que los relatos transmitidos oralmente tuvieran también un respaldo documental.

– ¿Qué descubrimientos o aspectos desconocidos encontraste durante el trabajo que considerás importante compartir con los federaenses?

Los descubrimientos fueron muchos, y también aparecieron aspectos de esta historia que eran poco conocidos. Para contar la historia del museo fue necesario contextualizar los acontecimientos que atravesaba Federación en cada momento. Nuestra ciudad tiene una historia muy particular, marcada por sus traslados y reconstrucciones, y eso hace que la historia del edificio esté íntimamente relacionada con la historia de toda la comunidad.

Uno de los aspectos que más me llamó la atención fue el trabajo realizado por el equipo de arquitectura de la Universidad del Chaco en la recuperación patrimonial del edificio. Se llevó adelante un análisis de sus características arquitectónicas que permitió documentar y comprender su valor.

También fue muy valiosa la entrevista a Graciela Viñuales, una de las arquitectas que estuvo a cargo del proyecto de reconstrucción de la antigua capilla en la nueva ciudad.

En esa entrevista relata una anécdota especialmente significativa: solicitó que el edificio fuera emplazado conservando la misma orientación que tenía en la Vieja Federación. Allí la capilla estaba ubicada en una esquina frente a la plaza y mirando hacia el este, hacia el río. En la nueva ciudad se procuró reproducir esa misma disposición.

La intención era que, al estar dentro del edificio, se pudiera experimentar algo de aquella sensación de estar nuevamente en la capilla de la vieja ciudad. Me parece un detalle maravilloso porque demuestra que la reconstrucción no buscaba conservar solamente las paredes y las características arquitectónicas, sino también una relación afectiva y espacial con el lugar de origen.

– Desde tu experiencia como Guía de Turismo y tu trayectoria municipal, especialmente en el Museo de los Asentamientos, ¿qué importancia tiene preservar y transmitir nuestro patrimonio histórico?

Creo que la respuesta está en una frase muy sencilla: recordar es pasar por el corazón. Y, en relación con la historia de Federación, considero que es necesario conocerla para poder amarla.

Ahí radica la importancia de preservar y transmitir nuestro patrimonio: en generar conocimiento que nos permita comprender nuestra historia, reconocer nuestras raíces y fortalecer nuestra identidad.

Desde mi experiencia en el Museo de los Asentamientos descubrí que la historia, cuando se transmite desde el conocimiento y con sensibilidad, puede generar un impacto emocional muy profundo. A lo largo de estos años he visto cómo muchas personas que visitan el museo se van profundamente conmovidas por nuestra historia y, especialmente, por la capacidad de resiliencia de nuestra comunidad.

Creo que ese es uno de los mayores valores del patrimonio: no se trata solamente de conservar edificios, objetos o documentos, sino de mantener viva una memoria que nos permita comprender quiénes somos y transmitir ese legado a quienes vendrán.

– ¿Qué significa para vos haber convertido esta investigación en un libro y qué legado te gustaría dejar a las nuevas generaciones?

En un principio no pensé en escribir un libro. Simplemente comencé a recopilar información, ordenarla y profundizar en algunos aspectos de la historia. A medida que avanzaba en la investigación, los hallazgos despertaban cada vez más mi curiosidad y entusiasmo por seguir buscando.

En un determinado momento, al tomar dimensión de todo el material que había reunido, comencé a preguntarme qué forma podía darle a esa información. Así fue tomando forma esta memoria histórica del Museo de los Asentamientos.

La finalidad del libro es fundamentalmente educativa. Durante todos estos años de trabajo en el museo recibí a numerosos estudiantes que se acercaban a consultar información sobre la historia de Federación. Nuestra comunidad no cuenta con un archivo histórico municipal, por lo que muchas veces el museo termina siendo el lugar de consulta obligado para quienes necesitan investigar. Hemos recibido alumnos de distintas tecnicaturas y carreras, como Turismo, Arquitectura e Hidrología, no solamente de distintas partes del país, sino también estudiantes extranjeros que llegan para realizar pasantías vinculadas a Salto Grande.

Por eso, el legado que me gustaría dejar a las nuevas generaciones es precisamente este material: una fuente de consulta que les permita encontrar información, conocer y comprender nuestra historia, y que contribuya a que esa memoria no se pierda ni quede olvidada.

– ¿Qué te gustaría que sienta, comprenda y se lleve una persona después de leer “Una Capilla con Historia”?

Me gustaría que quien lea “Una Capilla con Historia” comprenda, ante todo, que Federación es una ciudad bicentenaria y que su historia no comienza con la Nueva Federación ni se limita a la historia de la ciudad que conocimos antes del traslado.

Nuestra historia es mucho más antigua y se remonta a los orígenes mismos del poblamiento del noreste de lo que hoy conocemos como Entre Ríos. Sus raíces se inscriben en procesos históricos que anteceden a la conformación de los límites territoriales que hoy identificamos como Argentina. Federación formó parte de procesos fundamentales para la historia de la región y también para la historia nacional.

Me gustaría que el lector pueda dimensionar esa profundidad histórica, comprender que somos parte de una historia mucho más grande y reconocer el valor de una comunidad que, a pesar de haber atravesado transformaciones tan profundas, supo conservar su memoria y reconstruir su identidad.

Y, sobre todo, quisiera que después de leer el libro sienta curiosidad por conocer más, por preguntar, por investigar y por valorar nuestro patrimonio. Porque una comunidad que conoce su historia tiene más herramientas para comprender su presente y construir su futuro.

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