Mientras la represa regula su cota, las variaciones violentas del embalse inundan a Concordia, Salto, Paysandú y Colón, y provocan un desastre ecológico silencioso que arrasa con peces, moluscos y costas.
– La postal se repite cada año y cada vez con más violencia. En pocas horas, el embalse de Salto Grande sube y baja más de un metro. Lo que para la represa es una maniobra operativa para generar energía, para el río y para la gente de abajo es una catástrofe.
La brusca bajante del embalse no es un fenómeno natural. Es una decisión operativa. Y sus consecuencias se pagan aguas abajo y en las propias costas del lago.
Inundación aguas abajo: el efecto pistón
Cuando el lago está alto, Salto Grande se ve obligada a erogar grandes caudales de golpe para bajar su cota de seguridad. Esa masa de agua no desaparece: impacta directamente sobre las ciudades ubicadas al sur de la represa. Concordia, Salto (ROU), Paysandú y Colón son las primeras en sufrirlo. Barrios enteros ribereños se inundan no por lluvias locales, sino por el manejo del embalse. Es una inundación fabricada.
Ecocidio en pleno desove
El daño más grave y menos visible ocurre en el agua. Octubre y noviembre son meses clave para la reproducción de especies emblemáticas del Río Uruguay como el dorado, el surubí y la boga.
Con la creciente, los peces ponen sus huevos sobre la vegetación costera inundada. Cuando horas después la represa baja violentamente la cota, todo ese sector queda en seco. Miles de huevos quedan expuestos al sol y mueren. Se pierde una generación entera en un solo día.
«No es mortandad, es un aborto masivo del río», describen pescadores artesanales de Santa Ana y Belén.
Almejas, caracoles y el fondo del lago que muere
Los más perjudicados son los que no pueden correr. Las almejas de agua dulce (Diplodon sp.) y los caracoles de laguna, fundamentales para filtrar y sanear el agua, quedan varados en el barro ante un descenso de 80 cm en 3 horas. No llegan a volver al agua. Mueren por millones y su descomposición contamina las playas.
Sin estos filtradores naturales, la calidad del agua del embalse empeora y proliferan las cianobacterias.
Erosión y colapso de costas
La flora ribereña no resiste el sube y baja. Los juncales, sarandíes y la vegetación que sostiene la barranca mueren por desecamiento. Sin raíces que amarren la tierra, la erosión se agiganta. En Federación, Santa Ana y Villa del Rosario se pierden metros de costa por año. Cada bajante se lleva una parte del terreno y de la historia.
Vecinos y ambientalistas reclaman a la Comisión Técnica Mixta de Salto Grande un protocolo de manejo de cota gradual, con avisos previos y variaciones máximas de 10 a 15 cm por día en época de desove, como ya se aplica en represas de Brasil.
Mientras tanto, el lago sigue respirando de forma artificial. Y cada vez que baja de golpe, el río paga la cuenta.






