La obra que se levanta sobre calle Paraná sumará oferta gastronómica, paseos, locales comerciales, jerarquizando un sector que aún no se había integrado a la movida turística pese a estar en un lugar estratégico. Se apuesta a que en el verano esté funcionando y sea otra de las atracciones de la ciudad.
Un complejo que integra gastronomía, comercio, espacios recreativos y paisaje en un sector estratégico del circuito turístico de la ciudad, buscando transformar un predio con historia en una nueva pieza de vida urbana.
En este sector estratégico de la ciudad de Federación, próximo al Parque Termal y vinculado al paseo comercial y gastronómico de calle Paraná, comienza a tomar forma el nuevo Polo Gastronómico, un proyecto que busca transformar un predio con historia en un nuevo espacio de gastronomía, encuentro y vida urbana.
Ubicado en la esquina de avenida Antártida Argentina y calle Paraná, el proyecto se inserta en un área particularmente significativa para la dinámica turística de Federación. Su proximidad al Parque Termal y a un corredor que durante gran parte del año concentra visitantes, comercios y propuestas gastronómicas planteó desde el inicio un desafío que iba más allá de resolver simplemente un edificio: la arquitectura debía ser capaz de construir un lugar. Una nueva arquitectura que nace de la memoria del lugar Antes del comienzo de las obras, el predio estaba ocupado por la construcción conocida como el antiguo convento, una arquitectura de escala baja, volúmenes simples y reconocibles cubiertas inclinadas. Debido al deterioro de la estructura existente del antiguo convento y el riesgo que esto ocasionaba, se optó por demolerlo para el nuevo proyecto.
Tras la demolición, una de las decisiones centrales del proyecto fue no borrar completamente su memoria, sino tomar algunos de esos rasgos y reinterpretarlos desde una arquitectura contemporánea.
El gran volumen de cubierta a dos aguas que identifica al nuevo conjunto nace precisamente de esa búsqueda. No se pretende reproducir literalmente lo que existía, sino recuperar parte de su carácter y transformarlo mediante nuevas proporciones, materiales y espacios. De esta manera, la arquitectura establece una relación entre pasado y presente: el antiguo convento permanece como referencia, pero el nuevo proyecto construye su propia identidad.
Un complejo que construye ciudad
El Polo Gastronómico fue concebido desde el inicio no como un edificio aislado, sino como un conjunto capaz de articular distintas actividades y formas de habitar la ciudad. Restaurante, cervecería, paseo comercial, espacios exteriores, sectores para eventos y actividades al aire libre, áreas de juego y paisaje forman parte de una misma estructura. La intención es que cada uno de estos usos pueda funcionar con identidad propia y, al mismo tiempo, integrarse dentro de una experiencia común. Por eso, más que hablar de un restaurante o de un desarrollo exclusivamente gastronómico, el proyecto propone una nueva pieza urbana: un lugar donde comer, caminar, encontrarse, permanecer, comprar, participar de una actividad o simplemente atravesar y disfrutar del espacio. La arquitectura cumple allí un rol de articulador urbano.
Los distintos volúmenes no buscan concentrar toda la actividad dentro de un único edificio, sino delimitar y acompañar una sucesión de patios, senderos, expansiones y espacios abiertos que construyen relaciones entre las diferentes partes del complejo. Esta condición adquiere especial relevancia por su ubicación en Av. Antártida Argentina y calle Paraná, dentro de un sector fuertemente relacionado con el turismo, la proximidad al Parque Termal y el movimiento comercial y gastronómico de calle Paraná. En ese contexto, el Polo busca actuar como una pieza de conexión y continuidad urbana, ampliando la experiencia del sector más allá de los límites propios del predio.
No se trata solamente de generar nuevos locales o superficies comerciales, sino de incorporar un lugar de encuentro que pueda integrarse a los recorridos cotidianos de residentes y visitantes. La propuesta pretende que el complejo pueda ser vivido de distintas maneras y en distintos momentos del día: como destino gastronómico, como paseo comercial, como espacio de encuentro, como escenario para actividades y también como un nuevo espacio abierto dentro del circuito turístico de Federación.
“El desafío no era proyectar solamente un edificio, sino construir un nuevo lugar dentro de la ciudad: un conjunto capaz de articular gastronomía, comercio, paisaje, espacios de uso comun y encuentro.”
Materialidad, escala y atmósfera
Arquitectónicamente, el conjunto trabaja con una paleta deliberadamente sobria. El negro de los revestimientos metálicos y las cubiertas dialoga con superficies cementicias, madera, vidrio, piedra y elementos de acero.
Los elementos verticales incorporan carpinterías oscuras, revestimientos metálicos perforados y cerramientos de chapa, mientras que en distintos sectores aparecen terminaciones en madera que aportan calidez al conjunto. En los interiores esta búsqueda continúa. La materialidad de paredes y cielorrasos fue pensada de manera integral para generar una atmósfera envolvente, incorporando terminaciones en madera, iluminación cálida y sectores protagonistas como la barra y el área de fuegos. La intención es conseguir espacios contemporáneos, pero al mismo tiempo cálido y reconocible: una arquitectura con carácter, capaz de funcionar tanto durante el día como durante la noche.
El paisaje como parte de la arquitectura
Otro componente fundamental del proyecto es el tratamiento integral del espacio exterior. El proyecto paisajístico del predio está desarrollado por el estudio Verde Lima Paisajismo de Vanesa Toller, cuyo trabajo acompaña la arquitectura mediante la incorporación de vegetación, canteros, áreas de permanencia y diferentes situaciones paisajísticas a lo largo de los recorridos.
Esta intervención no fue concebida como una decoración posterior al edificio. Arquitectura y paisaje forman parte de una misma estrategia: construir diferentes escalas, acompañar los recorridos, generar sectores de permanencia y hacer que la transición entre el edificio y el gran espacio abierto del predio sea gradual. El propio planteo general conserva importantes sectores de terreno absorbente y articula las distintas actividades a través del espacio exterior.
Una arquitectura que escucha
El proyecto también refleja una manera particular de entender la profesión.
“Como arquitecto, me interesa trabajar desde una arquitectura que primero escucha: escucha el lugar, su historia, el programa, las necesidades de quienes van a utilizarlo y la ciudad de la que va a formar parte. A partir de ahí comienza el proyecto.” Esta filosofía atraviesa el trabajo del estudio Matías Yrigoy Arquitecto y se vincula con una búsqueda que definimos como La Obra Exacta: no pensar la arquitectura como un objeto aislado ni perseguir simplemente una imagen espectacular, sino encontrar una respuesta precisa para cada lugar y cada circunstancia.
En el Polo Gastronómico, esa búsqueda significó interpretar la memoria del antiguo convento, comprender su particular ubicación dentro del circuito turístico de Federación y, al mismo tiempo, proyectar una arquitectura contemporánea capaz de darle al predio una nueva identidad. Porque una obra no se construye solamente con metros cuadrados, materiales o formas. También se construye con recorridos, encuentros, recuerdos y experiencias.
Hoy, con la obra avanzando, los volúmenes, senderos y espacios que durante meses existieron únicamente en planos y visualizaciones comienzan a adquirir escala real. La idea empieza a convertirse en lugar.




