“Aunque tuviéramos la mejor naranja, con esta mochila no somos competitivos”, dijo referente de exportadores

La citricultura atraviesa una grave crisis a partir de la confluencia de distintos factores que impactan no sólo en su pérdida de competitividad económica sino también de calidad de producción. Según Roberto Varela, gerente Ejecutivo de la Cámara de Exportadores de Citrus del Noreste Argentino (CECNEA), toda la cadena se ve afectada en sus tres vías principales de comercialización: el mercado interno, el mercado externo y el agregado de valor en las fábricas.

Respecto del consumo interno, describió: “Estamos pasando por un momento fuertemente deprimido para todas las frutas. En un año con un 20% de producción mayor respecto del año pasado, te encontrás con un cuello que atora”. Además, remarcó que se trata de “un producto de oferta y demanda, con costos fijos altos y precios que te pueden dejar atrás”.

El mercado externo también viene complicado y no es novedad. Se deteriora año tras año, con apenas 30.000 toneladas vendidas a otros países en 2025 y dificultades para abrir nuevos mercados, con el emblemático caso de Estados Unidos que ningún gobierno logró destrabar. A esto se suma el impacto del clima que viene jugando una mala pasada: “Desde hace más de 10 días tenemos parada la exportación y eso impacta en la calidad de la fruta que no se cosechó”, indicó a Dos Florines.

En lo relativo al procesamiento industrial, el directivo señaló que tras el pico de demanda por la caída de la producción en Florida, la cotización del jugo pasó de 2.000 a 6.000 dólares la tonelada, lo que terminó paralizando las compras. “El mercado no estuvo dispuesto a pagar ese aumento. Ese mercado se cayó y produjo que se frenaran los stocks y afectó a la cadena”, sostuvo Varela.

Frente a estos problemas, Varela remarcó que el sector viene perdiendo competitividad en distintos frentes, que se agrava por factores internos como la elevada carga tributaria y problemas laborales para las economías regionales que tampoco fueron contemplados en la Ley de Modernización Laboral. En ese sentido, fue contundente: “Aunque tuviéramos la mejor naranja, con esta mochila no somos competitivos”.

En el frente externo, Argentina registra una marcada retracción frente a sus competidores del hemisferio sur. “Hace 20 años Chile no mandaba cítricos y hoy nos supera; Perú no existía y hoy exporta más que nosotros; Uruguay exporta a mercados a los cuales no accedemos”, enfatizó Varela. En ese sentido, alertó que la fruta del mercado local no cumple las exigencias actuales del exterior: “A pesar de tener la fruta, si no cumplís, no podés ir”.

Frente a esta coyuntura, el representante de Cecnea remarcó la necesidad de una autocrítica hacia el interior del sector. “Este es el momento en que tenemos que pensar qué vamos a hacer con la citricultura. Y una de las cosas a poner en el tapete es la calidad. En este momento hay que trabajar sobre la calidad; es uno de los factores que depende de nosotros. Eso no se lo podemos reclamar a nadie y somos responsables en cierto punto”, afirmó.

Por otro lado, advirtió que la desaceleración de la inflación del país tampoco logró recomponer los márgenes económicos de las producciones. “Es cierto que la inflación ha bajado, pero desde hace un tiempo los costos en dólares aumentaron. Todos los que vienen de afuera pretenden seguir ganando lo mismo en dólares que antes”, sostuvo Varela.

Esta suba de costos locales choca directamente con la realidad comercial internacional. “El costo de producción aumentó en dólares, pero para el exterior el precio de la caja de fruta sigue siendo el mismo. No nos van me pagar más porque los costos internos aumenten”, planteó el dirigente, quien admitió que la ecuación no cierra, menos aún si se arrastra sobre la espalda una pesada mochila.

Presión fiscal y el marco laboral

El esquema impositivo y la legislación laboral representan otro de los grandes frentes de asfixia para las economías regionales. “Alguien que no tuvo nada que ver en el proceso de producción, cobra 21%”, cuestionó Varela al referirse al IVA. Además, lamentó que “los servicios que brinda el Estado que dependen de ese 21% no están a la altura de lo que le significa a la sociedad pagarlo”.

A la par, solicitó reformas urgentes en la Ley de Contrato de Trabajo para adaptar las normas a empresas más pequeñas que requieren cosechas manuales. “El propio dueño tiene que hacer todo y no puede manejar las altas y bajas en el sistema actual. Hay que hacer modificaciones sustanciales en este tema laboral. No existe el mismo mecanismo para dar de alta como para dar de baja, que es muy engorroso y te deja expuesto”, explicó.

El elevado costo de flete acumula distorsiones de la economía regional. “Un contenedor de naranja refrigerado cuesta de Concordia hasta que sube al barco 3.500 dólares. Llevarlo de Buenos Aires a Rotterdam cuesta 3.015 dólares”, detalló Varela. A esto sumó la carga de tributos no recuperables: “Son impuestos ocultos exportados que los cálculos establecen en 12% del valor de la carga. Hoy se le devuelve al exportador en concepto de reintegro el 2,7% y el 3% con sello argentino”, indicó a DOS FLORINES.

La crisis es de tal magnitud y se arrastra desde hace años que el impacto acumulado de estas trabas provoca un desplome vertiginoso en los envíos de la región. “La pérdida de competitividad hace que de las 145.000 toneladas que salían hace 10 años, el año pasado salieron 30.000”, alertó Varela.

Finalmente, para graficar los problemas logísticas actuales, concluyó con una comparación histórica: “Cuando mi abuelo vino de España en 1890, llegó en 20 días en el barco. Hoy, si tengo que mandar una naranja de acá a España, estoy demorando 30 días. Hablamos de un producto vivo, no fresco; tiene una vida determinada y tenemos que ser rápidos, eficientes y cuidarlo al máximo”.

chajarialdia

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